Posteado por: Diego | Marzo 15, 2008

No es país para viejos, la novela

La trascendencia que ha tenido la película de los hermanos Coen ha hecho que quisiera leer el libro de Cormac McCarthy, cuyo guión adaptaron. Aquí pretendo esbozar algunas de las adaptaciones que han llevado a cabo los cineastas, no sin dejar de reconocer la gran ayuda con la que contaron, pues esta novela me ha hecho desear leer más libros del autor maldito norteamericano, discípulo de Faulkner, según lo califica Harold Bloom (el del canon).

De entrada destaca la estructura de la novela. La división múltiple: diferentes capítulos y dentro de cada uno, un comienzo que siempre es un monólogo del sheriff Bell (auténtico y dramático personaje principal de la obra) y una acción, que se desarrolla con una rapidez increíble. Está llena de diálogos intensos y apenas deja espacio para las descripciones. Las consideraciones psicológicas que hacemos de los personajes están fundamentadas en sus diálogos, pues el narrador permanece imparcial y mudo en ese sentido.

Como comentaba, es muy interesante la reflexión previa del sheriff Bell al comienzo de cada capítulo. En la película, las observaciones de Bell quedan reducidas al monólogo inicial (muy típico de los Coen, aunque aquí queda más cercano a El hombre que nunca estuvo allí, del mismo barbero, que al de El gran Lebowsky, del cowboy ajeno a El Nota) y a los dos últimos diálogos de Bell, con su tío Ellis y con su mujer Loretta. Esta estructura circular nos sirve para enmarcar el profundo sentido de la obra:

En alguna parte hay un verdadero profeta viviente de la destrucción y no quiero enfrentarme a él. Sé que es real. He visto su obra. Una vez tuve esos ojos delante de mí. No pienso arriesgarme a plantarle cara. No es sólo que me haya hecho viejo. Ojalá fuera eso. [...] Creo que se trata más bien de lo que uno está dispuesto a ser. Y pienso que un hombre pondría en peligro su alma. Y eso no lo voy a hacer. Ahora creo que quizá no lo habría hecho nunca.

También lo expresa hablando con su ayudante, de manera muy gráfica:

¿Quién diablos es esa gente?, dijo.
No lo sé. Yo solía decir que eran los mismos a los que nos habíamos enfrentado siempre. Los mismos a los que se enfrentó mi abuelo. En aquel entonces robaban ganado. Ahora trafican con droga. Pero ya no lo veo tan claro. Me pasa lo que a ti. No estoy seguro de que hayamos visto nada igual. Gente de esta clase. Y ni siquiera sé cómo llevar todo esto. Si los mataras a todos tendrían que construir un anexo en el infierno.

Si nos centramos en las diferencias del libro con la película (los que aún no la habéis visto no sigáis leyendo porque os puedo contar cosas que es mejor que descrubráis por vosotros mismos), apreciamos detalles cinematográficos que los Coen han introducido por diversos motivos. En primer lugar, para dar más fuerza visual a la acción: en la primera huida de Moss del lugar de la matanza de los narcos, un perro le persigue angustiosamente. Aquí los Coen juegan con un elemento recurrente en sus películas y que cobra fuerza al recordar una de las leyendas urbanas más famosas sobre un perro que los Coen tuvieron de adolescentes que se recuperó milagrosamente al darse cuenta de que lo llevaban a la perrera para que le hicieran la eutanasia y que, al correr nuevamente, fue atropellado mortalmente por un coche que pasaba. Otro añadido es el primer contacto entre Moss y Chigur, que no se produce en el libro, pues Moss huye al intuir a éste. Junto a estos, destaca también la escena en que Bell y Chigur comparten habitación, aunque no llegan a enfrentarse. La tensión cinematográfica es impresionante, mientras que el libro apenas se intuye y de manera muy diferente.

Otro elemento destacable de la película son sus actores, especialmente Javier Bardem. Como ya he comentado en otro post anterior, la escena de Chigur con el gasolinero es realmente impactante. El diálogo es muy fiel al libro, pero el matiz “acojonador” del matón está mostrado por Bardem de una manera inigualable. En el libro no somos capaces de apreciar de manera tan clara la reacción de los dos actores (es más, incluso en el libro, el gasolinero llega a hacer un pequeño chiste a Chigur, que en la película no se produce: la presencia de Chigur intimida completamente al que se cruza en su camino).

Los Coen siempre se han caracterizado por un humor negro del más alto nivel. En esta película tienen dos destellos propios (en una película que aparentemente da poco juego para ello). El más personal y conseguido se produce con la intervención de los mariachis cuando Moss ha conseguido cruzar la frontera de México.

Por último, como es normal, hay aspectos en los que el libro se puede extender mucho más. Aquí hay alguno muy interesante. El diálogo entre el sheriff y la mujer de Moss es mucho más largo y se profundiza mucho en la figura de ella. Moss es encontrado con una joven que le hizo autostop, y que no sólo tiene una presencia testimonial. La escena es diferente en la película: allí la mujer sólo está en una piscina bebiendo una cerveza y quiere pasar un rato agradable con Moss. En ambos casos, él no se deja tentar por la mujer. No obstante, la mujer de Moss queda con la impresión de que ha sido engañada. Una vez solucionado todo, Chigur habla con el jefazo del que era realmente el dinero (que no aparece en el film). Hay una interesante reflexión sobre los compañeros de faena de Anton:

¿Qué ha pasado con la gente vieja?
Se han dedicado a otras cosas. No todo el mundo es apto para este trabajo. La perspectiva de unos beneficios desorbitados lleva a la gente a exagerar sus propias aptitudes. Para sus adentros. Creen que controlan la situación cuando quizá no es así. Y es la postura de uno sobre terreno incierto lo que propicia la atención de los enemigos. O los ahuyenta.
¿Y usted? ¿Qué pasa con sus enemigos?
Yo no tengo enemigos. No permito que los haya.

El último detalle se produce cuando coinciden la mujer de Moss y Chigur. A diferencia de la versión cinematográfica, en la novela ella acepta la solución del juego de cara o cruz. Os dejo con el final de este diálogo, donde habla Chigur:

Me está pidiendo que me vuelva vulnerable y eso no puedo hacerlo. Sólo tengo una manera de vivir. Y no contempla casos especiales. Un cara o cruz, quizá sí. En este caso con poco éxito. La mayoría de la gente no cree que pueda existir semejante persona. Se hará cargo del problema que eso les supone. Cómo imponerse a aquello cuya existencia uno se niega a reconocer. ¿Lo entiende? Cuando yo entré en su vida su vida ya había acabado. Ha tenido un principio, un desarrollo y un final. Esto es el final. Puede decir que las cosas podrían haber sido de otra manera; que podrían haber tomado otros derroteros. Pero ¿y cómo? Las cosas no son de otra manera. Son de ésta. Me pide que haga como que el mundo es lo que no es. ¿Se da cuenta?


Dejar una respuesta

Su respuesta:

Categorías