En estos últimos días he tenido la oportunidad de disfrutar de dos buenas obras de teatro, dos acercamientos al tema del amor y las relaciones humanas desde dos perspectivas completamente alejadas en el tiempo: por un lado, el clasicismo de Lope de Vega en La viuda valenciana, por la compañía de Teatro clásico de El corral de la Olivera; y por otro, la actualidad de Paco Zarzoso, en su obra Umbral.
Comenzando por los clásicos, nuevamente (como ya había anunciado al hablar de la adaptación de La dama boba realizada hace dos meses por esta compañía en el teatro Olympia) Rafael Cruz ha decidido ofrecer una joya de nuestro teatro del siglo de Oro (ya lo hizo el año pasado con Los locos de Valencia, también de Lope), además con el incentivo añadido de ser dos obras con una trascendencia más grande de lo que a menudo se ha pensado. Bastante conocido es el exilio de Lope en Valencia y el provecho que sacó de él, pues el contacto con el teatro que se estaba realizando en la capital del Turia en ese momento (con figuras como Francisco Agustín Tárrega) le sirvió para introducirlo en su futuro teatro y alcanzar esa genialidad por la que es admirado desde sus coetáneos (a pesar de los teóricos a los que dedicó su Arte Nuevo de hacer comedias).
Desde aquella primera obra ya ha pasado un año. La compañía es mucho más madura y eso se nota. Ya no se les puede seguir viendo como unos actores en proceso de formación (aunque, como en todo, quien no sigue formándose no es capaz de desarrollar todo su potencial) sino que el resultado alcanza una profesionalidad más que admirable. Lo atractivo de la historia (una comedia de capa y espada al uso, cambiando un poco el papel de la mujer, pues no es la joven en edad de merecer típica, sino que es viuda (aunque también joven), lo que le permite una mayor libertad de movimientos para alcanzar sus deseos (en forma de galán). Geniales están los dos protagonistas principales, así como los tres galanes desdeñados que forman un triángulo de lo más exitoso y que amenizan los entreactos al ritmo de… Lope, ¿cómo no? Las tablas las tienen más que afianzadas y hay que hacerse eco de una de sus peticiones: hace falta un lugar más amplio, pues la antigua sala off se ha quedado pequeña para difundir algo tan valioso. Y estupendos también los personajes satélites de los protagonistas (los criados de la viuda y el amigo del galán), en un tono cómico que está ya muy presente en la idea original de Lope.
Para completar una obra así, no podía faltar una cuidada y original escenografía, muy simple pero tremendamente efectiva, un vestuario muy años veinte y una música que no desentona (especialmente graciosa es la escena en que los tres pretendientes ‘ninguneados’ por la viuda se presentan para cantarle cada uno una serenata). En fin, hasta el 11 de mayo hay de tiempo para acercarse por la sala El Corral de la Olviera, en la calle Turia 45, para disfrutar de dos horas y cuarto de puro teatro. Os dejo un enlace con fotos de la representación.
Y volviendo a la época actual, y en ésta os tenéis que dar un poco más de prisa, pues sólo está en el teatro Talía hasta el día 20 de abril (este domingo), la compañía Hongaresa, presenta la obra de Paco Zarzoso, Umbral, que ganó el premio Marqués de Bradomín en 1996. La obra consta de cinco historias, cinco cuadros que suceden en un estudio fotográfico, un portal, un paso de cebra, un apartamento y la oficina de un matadero, en las cuales siempre hay dos personas (aunque en alguna la presencia de una de ellas queda relegada casi a mero espectador mudo y sirve como monólogo del otro), un hombre y una mujer (interpretados magníficamente por Paco Zarzoso y por Lola López) incapaces de atravesar un umbral, principalmente en la comunicación (especialmente aclaradores son los dos últimos: la mujer que antes de cruzar un semáforo empieza a fantasear con el hombre que va a pedirle fuego; y el dueño del matadero que quiere declararle su amor a una empleada suya antes de que ésta se marche a trabajar a otra empresa del sector) y dicha incapacidad (a veces querida, a veces no podida) les impide traspasar ese umbral que lleva a desarrollar una relación amorosa.
Unos diálogos brillantes, un ritmo rápido y ágil (se os pasará rápido el tiempo y querréis que continúen con una nueva historia) y todo lo anteriormente comentado son un reclamo más que suficiente para que disfrutéis con esta obra. Os dejo con un programa de mano no oficial que también os cautivará.

Encara recorde el bon sabor de boca que em van deixar “la dama duende” i “La vida es sueño” quan les vaig vore al Principal. La veritat és que el teatre clàssic cobra més interés si cap quan es vist. Per cert, has vist “El caso de la mujer asesinadita”? Encara que el títol indique el contrari, és una comédia d’allò més entretinguda que Miguel Mihura i Álvaro de Laiglesia van tindre a bé escriure perquè nosaltres continuem gaudint del teatre.
Por: Núria el Abril 20, 2008
a las 7:38 pm