Posteado por: Diego | Mayo 9, 2008

50 años con “Vértigo”

Hoy se cumplen cincuenta años del estreno de la película Vértigo o De entre los muertos de Alfred Hitchcock. Curiosamente fue considerada un fracaso dentro de la trayectoria del brillante director inglés tras su estreno, pero, en cambio, el paso del tiempo le ha otorgado el lugar que se merece dentro de la historia del séptimo arte. Hablamos, sin duda, de una de las grandes películas que nos ha legado el buen cine.

El argumento de la película es bien conocido: John ‘Scottie’ Ferguson (James Stewart), un antiguo policía, que ha tenido que dejar el cuerpo por un problema de acrofobia, es contratado para seguir a Madeleine (Kim Novak), esposa de un antiguo amigo, y se enamora de ella. Ésta, aparentemente poseída por el espíritu de Carlotta, una antepasada suya que se suicidó, se quita la vida por el mismo procedimiento saltando desde un campanario. Tras superarlo, no sin dificultad, Scottie coincide con una mujer, Judy (papel desempeñado por la misma actriz) que parece casi su doble y la transforma para hacer de ella la mujer a quien amaba y perdió.

Desde que la vi por primera vez (y de esto hace ya más de quince años, pues aún estaba en el instituto, creo recordar que en 3º de BUP) me hechizó profundamente. Por ello siempre la he tenido entre mis películas favoritas y la he vuelto a ver en diversas ocasiones. La considero como la mejor que realizó Hitchcock si la analizamos globalmente. Aparte de los aciertos técnicos (el juego con los colores rojo y verde es sublime), la historia tiene una profundidad que dificilmente puede alcanzar en otras películas. La historia de amor entre los dos protagonistas ocupa lo principal de la acción, especialmente cómo Madeleine va atrayendo a un Scottie que busca respuestas a los actos de aquélla. Y tras el shock de su pérdida, cómo no logra olvidarla y ve siempre la imagen de aquélla, que logrará recomponer tras un largo proceso. Fuera de este hecho, también sería analizable el hecho universal, aunque aquí llevado al extremo, de cómo el amor puede llevarnos obsesivamente a hacer cambiar a nuestro gusto a la persona amada (y por eso July, que está realmente enamorada de Scottie, se deja).

Y para completar el triángulo amoroso falta Midge (Barbara Bel Geddes) la amiga de Scottie, por quien éste sólo siente un profundo cariño, insuficiente para ella, pues está enamorada de él. Concluyente es la escena en que ella le enseña un cuadro en que ella aparece vestida ‘a lo Carlotta’ para intentar captar su atención. Lo único que consigue es el enfado más absoluto de éste. Y otro detalle de los muchos de la película. Se sitúa en el bosque cuando Madeleine y Scottie están juntos y ésta parece poseída por su antepasada. Ven un tronco milenario en cuyo interior se han marcado círculos significando acontecimientos importantes que sucedieron cuando el tronco tenía determinado tamaño, lo cual le vale a Madeleine para hacer una observación que nos da a entender la fragilidad de la vida humana: la vida de Carlotta apenas se resume en unos mínimos milímetros de ese tronco, frente a la inmensidad de la historia de la humanidad.

La película, hay que comentarlo también, está basada en la novela D’entre les morts de Pierre Boileau y Thomas Narcejac, aunque Hitchcock toma también un aspecto de Edgar Allan Poe, su Ligeia, un cuento de éste en que Ligeia, que es la primera mujer, que murió, del protagonista vuelve de entre los muertos tomando posesión del cuerpo de la segunda mujer. En él destaca el terrible epitafio: “El hombre no se doblega a los ángeles, ni cede por entero a la muerte, como no sea por la flaqueza de su débil voluntad”. (Aquí Scottie se aplica el cuento).

Por último quiero citar un detalle que seguramente habrán captado los más atentos seguidores de la serie House. Si recordamos las escenas que suceden en el despacho del Dr. Wilson (el único amigo de House), comprobaremos que éste tiene dos cuadros en la pared con los carteles de dos grandes películas. Exacto, como habréis deducido una es la de Vértigo. La otra es otra grandísima película, ésta de Orson Welles, Touch of evil (Sed de mal), curiosamente una película del mismo año, 1958.


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