Posteado por: Diego | Mayo 27, 2008

Un placer de lectura

Llevaba tiempo en que no conseguía engancharme a ninguna novela, quizá por el principal motivo de que no siempre se puede llevar un buen ritmo y hay épocas en que el agotamiento aplaca las ansias devoradoras de narraciones. Los dioses (romanos, supongo) quisieron que cayera en mis manos la última novela de Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato. Un verdadero placer de lectura.

Pomponio Flato es un fisiólogo filósofo, un patricio romano que viaja en pos de una fuente milagrosa que cure sus problemas estomacales. En dicho viaje, que no hace más que recrudecer sus dolencias, llega a Galilea, donde será contratado por un niño de nombre de Jesús para esclarecer un turbio asunto que afecta a su familia: su padre, José, que es carpintero y que está casado con una mujer cuyo nombre es María, ha sido acusado del asesinato de un hombre rico y será crucificado al amanecer. A partir de ahí se desarrolla, con una precisa agilidad la trama que nos llevará a descubrir el resultado de esta fascinante historia.

La ubicación en un momento y un lugar muy conocidos por todos, nos presenta a personajes perfectamente integrados en la memoria colectiva occidental: aparte de los citados, no faltan Juan, Mateo, una María Magdalena muy niña, Ben-Hur, el dios Apolo y alguno más que se cuela en esta narración. A través de la obra vamos recomponiendo un puzle que nos acerca a sus supuestas vidas fuera del momento más conocido suyo.

Todo ello está contado por un personaje, Pomponio Flato, caracterizado por su locuacidad verbal, que provoca a menudo muchas de las situaciones hilarantes (que son abundantes en el libro). Dicha locuacidad se puede ver cuando intenta convencer a Jesús de que no es útil su contratación para resolver el caso, pues considera que poco puede hacer:

-En esto te equivocas. Yo no creo en la justicia. La justicia es un concepto platónico. No sé si me entiendes: una idea, nada más. Por otra parte, aunque no oculto mi inclinación por la filosofía, sólo soy un estudioso de las leyes de la Naturaleza, lo que Aristóteles denomina con propiedad un fisiólogo. Y si algo he aprendido es esto: que la Naturaleza no es justa ni la justicia es parte del orden natural. En el orden natural, al que pertenecemos todos, el animal más fuerte se come al más débil. Por ejemplo, un león, si tiene hambre, se come un ciervo o un ave estruz, y nadie se lo reprocha. Luego, al envejecer, el león pierde sus fuerzas y los ciervos o las aves estruces se lo podrían comer si quisieran. De este modo restablecerían la justicia, pero, ¿acaso lo hacen?

-No -dijo Jesús-, porque son hervíboros.

-Pues ahí lo tienes. No hay justicia en el orden natural. Ni en el sobrenatural. También los dioses se comen los unos a los otros. No con frecuencia, bien es verdad. Que yo sepa, sólo Saturno se come o se comió a sus hijos. Pero ya ves que ni siquiera los dioses se libran de la desigualdad. Claro que vosotros no creéis en los dioses. Pero lo del león vale igual para creyentes y no creyentes.

Tras resolverse finalmente la trama, Pomponio, sin llegar a explicarse muy bien el motivo real, consigue solucionar su problema inicial. Sólo nos da una pequeña pista con su verborrea habitual:

Una vez más recorrí las calles vacías hasta alcanzar la casa de Zara la samaritana, la única persona que en muchos años de recorrer el mundo en busca de la sabiduría me había proporcionado sin pedírselo algo más valioso que el conocimiento. Quizá la famosa fuente que da el saber y acorta la vida sólo era una forma poética de describir el amor.

En definitiva, una novela para disfrutar plenamente del placer de la lectura, tremendamente amena, no exenta de profunda erudición (en una nota a modo de epílogo añade el autor: buena parte de los hechos que se mencionan provienen de escritos o tradiciones antiguos, algunos de los cuales señalo ahora por si desea conocerlos el curioso o el aficionado a estos temas.) y que se devora a poco que se tenga cierta avidez lectora. Dejo por último la crítica de la novela aparecida en el Babelia de hace ya algunas semanas.


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