Después de mucho tiempo vuelvo a intentar retomar este blog que tengo un poco dejado. Podría escudarme en el respeto merecido tras la muerte del gran Pepe Rubianes o en los dos meses viajeros: París, L’Atmella de Mar, Granada, Roma… que no me han dejado mucho tiempo libre, pero realmente creo que era necesario un periodo de pausa. Quizá tampoco encontraba el tema preciso del que tratar. Hoy lo tengo claro. El título tiene que ver con la última película de Clint Eastwood, que pude visionar anoche: Gran Torino.
Y es que esta película supone en palabras del (se le ha de llamar ya así por méritos propios) mítico Clint Eastwood, su último papel en la gran pantalla como actor. Así, la lágrima tiene el significado añorante hacia su irrepetible figura. En esta película se mete en la piel de un viejo xenófobo y facha a más no poder en un barrio en el que convive con la inmigración, especialmente coreana. La situación inicial de rechazo se irá truncando cuando comience a tomar contacto con la realidad de sus vecinos más cercanos. Especialmente reveladora es la conversación que tienen en la furgoneta del protagonista éste y su joven vecina, a la que desde entonces tomará un cariño especial, lo cual no es para menos.
Así, nuevamente, como en sus últimas películas, Clint Eastwood nos va haciendo disfrutar del cine en todo su apogeo con esta nueva historia, hecha con un mimo y una sensibilidad acordes a lo que es él, uno de los más grandes directores del cine americano actual. Para coronar la guinda al pastel, y aquí arrimo el ascua a mi molino, en el último fotograma de la película, el tema musical que pone nombre al título de la película (ese Ford Grand Torino del 72 que impecablemente conserva el protagonista y que es el detonante de todo su cambio) que empieza siendo susurrado por el mismo Clint para dejar paso a la voz y piano prodigiosos de Jamie Cullum, que ha puesto su granito de arena en este film con su música. Para no perdérselo y no les importe que se les escape una lagrimita al final de la película. A mí me pasó. Pero es una lágrima por un adiós. Gracias, Clint.

ja era ora amic, els silencis no deuen de ser mai tan llargs, o et faç vell, o es que estas enamorat. ja no et diuen diego sino phileas fogg. m’alegre de que tornes.
Por: willy el Mayo 11, 2009
a las 1:25 pm