Reflexiones sobre los placeres

Cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos“. (Bohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa).

Bueno, en primer lugar, vuelvo a este sitio que tan abandonado tengo desde el año pasado, y al cual dejé por falta de constancia, no por falta de decir cosas. Más bien lo he sustituido por un método mucho más inmediato aunque infinitamente menos dado a las parrafadas que solía soltar por estas páginas. Más

¿Vale más una imagen que mil palabras?

Mi dedicación al ámbito de las letras siempre me ha hecho no considerar esta pregunta como retórica. Ahora quiero presentar un nuevo argumento a mi favor. Hace unas semanas que en El País Semanal Juan José Millás nos obsequia con una sección llamada “La imagen” en la cual, cargado con su mejor prosa cargada de una ironía estupenda. Especialmente acertada ha sido la de esta semana: una foto que retrata a un marine americano custodiando las puertas de las celdas de Guantánamo (“La vergüenza del mundo ‘civilizado'” lo llama) mientras un compañero suyo observa a un recluso… Más

Pequeños fragmentos de historia

No me puedo quejar en absoluto de los regalos recibidos el día de mi último cumpleaños. Iban en dos vertientes: la de lectura y la de música. De estos últimos ya he oído la genial pieza de Vivaldi (es curioso que pese a mi nula religiosidad, me atraiga tanto la música sacra, especialmente barroca) y la semana que viene me deleitaré viendo en directo a Police.  De la lectura he disfrutado y me he conmovido con el cómic de Persépolis y con una biografía sacada de entrevistas del gran Freddy Mercury. Y hay un libro que estoy degustando a pequeños sorbos como esos sabores que tanto nos gustan. Se trata de Espejos, de Eduardo Galeano.

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Pel poble saharaui

Hui he pogut llegir al diari una notícia que aborda un dels temes més sagnants de la història mundial recent: em referisc al poble saharaui i als 33 anys que fa ja que tenen ocupats els seus territoris pel Marroc, fet pel qual han de viure en campaments com el que es presenta gràficament en una exposició amb el títol “Refugiados en el desierto“. Us deixe un enllaç amb la pàgina on podreu conèixer els llocs on es pot veure aquesta exposició i col·laborar amb la justa causa saharaui. A València la tenim a la sala Matisse, al carrer Campoamor, a la zona de la plaça del Cedro. Finalment us deixe un article molt bo de Cristina Machado que podeu veure també a la web i l’enllaç amb un vídeo de l’escriptor Eduardo Galeano que deuria ser de visió obligatòria.

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Un placer de lectura

Llevaba tiempo en que no conseguía engancharme a ninguna novela, quizá por el principal motivo de que no siempre se puede llevar un buen ritmo y hay épocas en que el agotamiento aplaca las ansias devoradoras de narraciones. Los dioses (romanos, supongo) quisieron que cayera en mis manos la última novela de Eduardo Mendoza, El asombroso viaje de Pomponio Flato. Un verdadero placer de lectura.

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Doctor en Alaska

Seguimos con las grandes series televisivas. Hoy le toca el turno a Doctor en Alaska. Entre 1990 y 1995 Joshua Brand y John Falsey crearon las seis temporadas de esta fabulosa serie ambientada en la imborrable ciudad de Cicely. El meollo es bien conocido por todos los fans: Joel Fleischman es un médico judío de New York, recién licenciado, que es enviado a un remoto pueblo de Alaska (Cicely), ya que este pueblo ha pagado su beca de estudio. Tras la sorpresa inicial por “lo que encuentra” allí, la vida cotidiana allí será el argumento constante de los capítulos de la serie.

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Dia mundial del llibre

“Cuando llega la noche, vuelvo a casa y entro en mi biblioteca. Me despojo en los umbrales del traje de diario, lleno de lodo y me pongo paños curiales y regio. Vestido decentemente me entro en la antigua corte de los hombres antiguos, donde recibido amistosamente por ellos me nutro de aquel alimento que sólo es mío, y para el que yo he nacido. No me arrepiento de hablar con ellos, ni de preguntarles por el motivo de sus acciones, y ellos me responden con su gran humanidad. Durante cuatro horas no siento tedio ni cansancio, olvido todo cuidado, no temo la pobreza, la muerte no me espanta.” (Maquiavelo)
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