Recomendación musical

Como en tantas otras ocasiones, he hecho muy bien dejándome guiar por mi cuñado José a la hora de escuchar cosas nuevas. Además, le una otra grandísima habilidad muy necesaria en estos tiempos de crisis, pues sabe elegir el momento (se lo curra un montón) en que el precio es ‘razonable’, ya que siempre hay algún momento en que el precio de los discos es ‘razonable’. En esas, la última vez que fuimos juntos a ver discos me presentó una pequeña joya, que yo desconocía por completo, el disco Raising sand, que comparten Robert Plant y Alison Krauss. En mi bendita ignorancia, he de reconocer que no conocía prácticamente nada de Alison Krauss (ahora me enterado de que también ponía la voz a tres temas de la genial banda sonora de la película Oh Brother!); en cambio, sí conocía a Robert Plant (debería ser delito no conocer a Led Zeppelin), aunque en un registro bastante diferente. Si ambos ya son importantes por separado (os sugiero que os deis un garbeo por la web de Alison o por la entrada de la wikipedia en inglés de esta chica y veáis su dilatada y exitosa carrera, en la que detenta nada más y nada menos que 27 premios grammy), juntos logran multiplicar su amplia valía. La maravillosa voz de Alison (ahora estoy oyendo Through The Morning, Through The Night, la sexta canción del disco y tengo los pelos de gallina por el bellísimo resultado) tiene el contrapunto en la moderación de voz que con el tiempo ha desarrollado Robert Plant, muy alejado de su potencia juvenil tan apreciada por los fans de Led Zeppelin.

Y por si fuera poco, hay un elemento de unión que hace que el disco sea una obra maestra: T Bone Burnett. Este músico y productor americano es todo un especialista en hacer cosas muy buenas. Él es el responsable de la banda sonora de la película de los Coen de la cual hablaba más arriba, pero también de la banda sonora de Crazy heart, otra obra maestra. También recomiendo que os deis un garbeo por su web y veáis algo de su producción. Y, claro, para recomendación este disco del que hablo, seguro que os hará un poco más felices escucharlo.

BONA actuació

Hacía tiempo que no escribía aquí de conciertos. Bien es verdad que en el periodo de inactividad del blog disfruté de dos que estarían detallados en alguna entrada: me refiero a los de Stacey Earle y Mark Stuart, que dieron en la sala Wah Wah y al del admiradísimo Juan Perro, presentando los temas bluseros del disco que está pronto a editarse. En ambos conciertos disfruté como un enano. En el primero, de esa atmósfera intimista de las bellas canciones de la pareja americana y en el segundo de la calidad, la potencia en directo y del increíble feeling que es capaz de producir ante la entregada audiencia el alter ego de Santiago Auserón. Ayer fui a ver a uno de los músicos que había oído alguna que otra vez (no demasiado, he de reconocerlo) pero a quien tenía muchas ganas de ver en directo. El resultado fue sencillamente maravilloso. Me refiero al gran bajista y cantante de jazz/toco todo lo que me sale porque puedo hacerlo que se llama Richard Bona.

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Reflexiones sobre los placeres

Cuando leo, de hecho no leo, sino que tomo una frase bella en el pico y la chupo como un caramelo, la sorbo como una copita de licor, la saboreo hasta que, como el alcohol, se disuelve en mí, la saboreo durante tanto tiempo que acaba no sólo penetrando mi cerebro y mi corazón, sino que circula por mis venas hasta las raíces mismas de los vasos sanguíneos“. (Bohumil Hrabal, Una soledad demasiado ruidosa).

Bueno, en primer lugar, vuelvo a este sitio que tan abandonado tengo desde el año pasado, y al cual dejé por falta de constancia, no por falta de decir cosas. Más bien lo he sustituido por un método mucho más inmediato aunque infinitamente menos dado a las parrafadas que solía soltar por estas páginas. Más

Aniversaris

Després de més d’un parell de mesos d’inactivitat i començant en una nova ciutat, Gandia (a més, resistint a una dura gota freda i a un sentit terratrèmol), tinc ganes de tornar a escriure. Tampoc massa, poquet a poquet, però així habituant-me a fer-ho amb regularitat i, com a novetat, intentant practicar més la llengua heretada de ma mare (que no la llengua materna, curiosament). Bé, el cas és que el 6 d’octubre és una bona data per dos motius: el primer, molt personal. Fa 29 anys que sóc oncle. Tal dia com hui, allà pel 1980 va nàixer el meu nebot Eric. Des d’ací, novament, totes les felicitacions en aquest dia. L’altra, també és un aniversari. Hui fa 25 anys de la primera emisió del mític La bola de cristal, un programa amb que vam crèixer i començar a desenvolupar-nos com a persones moltíssims televidents. Un programa fet per a despertar la intel·ligència dels espectadors. Per tot aixó, des d’ací el meu modest reconeixement a la gent que va el fer possible.

Per gaudir i/o per somniar

Una cançó per la qual deixar portar-se.

¡Oh, capitán, mi capitán!

La semana pasada, Víctor Luengo jugó su último partido como jugador profesional. Lo hizo en Gandía, donde ha disputado las dos últimas temporadas, y apenas estuvo en cancha veinte segundos, debido a una de las muchas lesiones que lo han tenido mermado durante esta temporada. Pero Víctor quería despedirse de corto, haciendo lo que más le gusta, jugar al baloncesto. Hace dos años, cuando se anunció que dejaba el Pamesa, escribí en otro blog una entrada en homenaje al que ha sido durante tantos años gran capitán de mi equipo, el Pamesa Valencia. Desde aquí lo quiero utilizar nuevamente para señalar mi admiración y respeto por alguien tan importante en la historia de nuestro club.

luengocoparey
Estas líneas son simplemente de agradecimiento. Por casualidades que algunas veces ocurren, he seguido al equipo desde su fundación, Más

Para los que nos gusta educar

Gracias a una compañera del gremio, me ha llegado este precioso poema de Gabriel Celaya sobre un aspecto tan grato de nuestro trabajo. Para todos los profes y para todos los que tengan la sensibilidad suficiente para apreciarlo.

Educar es lo mismo
que poner un motor a una barca
hay que medir, pesar, equilibrar…
… y poner todo en marcha.
Pero para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino,
un poco de pirata…
un poco de poeta…
y un kilo y medio de paciencia concentrada
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que esa barca, ese niño,
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia pueblos distantes, hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera enarbolada
.

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